lunes, 7 de agosto de 2017

PERFIL DE JAIRO VARELA

                      JAIRO VARELA TRANSFORMO LA SALSA COLOMBIANA
  Se cumplen 5 años de la muerte del Maestro Jairo varela y aqui recordamos su perfil.


 ¿Cómo recuerda su infancia?
Mi infancia fue normal como la de todos los niños de mi estatus. Sin muchos regalos porque mi madre tuvo que levantar seis hijos –soy el quinto- y fui muy enfermo como hasta los 7 u 8 años, sufría mucho del estómago por los problemas de tratamiento del agua que hay en el Chocó.

¿Cómo era en la escuela?

Como estudiante más bien como regularsongo, pero siempre con la vocación hacia la parte idiomática, a la historia, la geografía, pero de matemáticas pocón pocón.

¿Cómo le decían?

Me decían carichola y no sé todavía que quería decir eso.

¿Por qué recuerda con nostalgia a su abuelo atravesando el Atrato?

Porque era una persona emprendedora. En medio de la desesperanza y de la pobreza, es admirable ese deseo de la superación de una persona que todo lo hizo con las uñas; que aprendió ebanistería y el tratamiento del azúcar de los españoles en los ingenios de Sautatá, y trató de hacer su industria panelera y su aserradero. Es digno de admiración.

¿Su madre, Teresa Martínez, también hacía música?

Era pedagoga. Alcanzó a hacer algunos boleros, pero no fueron difundidos en esa época, no llegaron al acetato, y a escribir cuatro libros, tengo entendido, porque siento fobia a leer, no me gusta que nadie incida en mi manera de ver la vida, ni siquiera ella misma.

¿El folclor chocoano fue su maestro?

Sin temor a equivocarme creo que la Costa Pacífico rítmicamente es lo más rico que hay en el mundo. Tuve el privilegio de que me crié al frente de la Iglesia, con la influencia de los misioneros jesuitas, del padre Rodríguez, que fue maestro de muchos, como Alexis Lozano. Eso me alimentó el oído. Pero por la parte de atrás de la casa estaba el folclor, el campesino que llegaba a la parte debajo de mi casa, y mi abuela les alquilaba una piecieta y la amarrada de la canoa –yo era el que cobraba lo de las canoas–, entonces me la pasaba hablando con ellos y me transmitieron esa jerga, ese español arcaico, y conservando al mismo tiempo, el rejo de mi mamá acá.

¿Era muy severa?

Era una persona que se expresaba muy bien y siempre era como un pecado hablar mal en la casa. Bajo esos patrones de educación me crié, con el látigo, aprendí a leer como a los 4 o 5 años, pero no porque fuera precoz, sino por mi mamá. Eso fue como a la fuerza. Pero levantó seis hijos luchando sola. Y por fortuna no le quedamos mal.

¿Pero dice que lo estimuló musicalmente?

Ella sí vio algo en mí y cuando me divertía con mis amigos de cuadra pensaba en la música, pero en la juventud se deshizo esa idea, otras cosas me llamaron la atención. Cuando tuve 20 años fue que retomé lo que me gustaba hacer, música. Quise escribir, pero no tenía argumentos porque no había vivido. Sigo siendo un convencido de que en la medida de que lo que digas sea cierto, así mismo llega al público. Fue como un aprendizaje ir conociendo el mundo e ir alimentando ese computador personal.

¿Qué recuerda de su primer grupo La Timba?

La Timba era una reunión de niños, yo tocaba la dulzaina, ocarina, o firolina, otro los bongós, la guacharaca, e íbamos acompañando una comparsa de niñas de la cuadra con su vestido largo blanco y que se pintaban las niñas con vija, en vez de maquillaje de ahora. Era muy bonito, lo mejor que le puede pasar a uno es una niñez de pueblo.

¿Y cómo se conectó con la música?

Conté con la suerte de conocer a Brando, un músico muy destacado y arreglista de la gente del Club del Clan. Él tenía un estudio de grabación, yo había hecho pinitos en las discotecas, le colaboraba grabando percusión coros e inyectándole mi deseo de cómo creía yo que debían ser las cosas.

¿Y cómo grabó Al Pasito?

Un día apareció el conejo Alberto Barrios, un productor reconocido, y me presentó a Eduardo Calle, dueño de discos Daro, quien me dio la oportunidad. Me dijo: ¿Usted sí se siente capaz? y dije ‘sí’. Yo no sabía para dónde iba, pero pensé: ‘esta es la única’. Ahí comencé mi carrera como músico.

Luego pasaron a Codiscos...

Sí. Ahí tuvimos la oportunidad de hacer Buenaventura y Caney, la canción que nos dio el espaldarazo. Me quedé sorprendido cuando recibí una llamada de EE.UU. Era extraño e
inconcebible, no creía que un empresario de por allá estuviera interesado en nosotros. De momento, fue más el susto que la satisfacción.

¿Y cómo se siente ahora que su nombre es una marca internacional?

Con responsabilidad y trato de inculcarles esa responsabilidad a las personas que me rodean. El gremio de nosotros es muy difícil, sabemos que venimos de abajo y tenemos que dar muestras de educación, cultura, urbanidad, comportamiento, civismo, lo que quiera en los aeropuertos y donde uno es más visible. Hay que tener esa altura, sin querer decir que es ser más que el otro. No voy a cambiar la condición del músico, pero sí al menos que lo vean con otros ojos.

¿De dónde salió el Grupo Niche?

Es un vocablo. Una vez en Miami cometí una infracción y no me castigaron porque el policía no estaba ahí, pero sin querer queriendo me le atravesé a una gringa y me gritó ‘níger’. Esa es la manera despectiva de tratar un negro según la autobiografía de Malcom X, pero cuando el negro latino llegó a EE.UU seguramente no pudo decir Níger y lo transformó en Niche, pero le cambió también el sentido, ya no con significado despectivo, sino cariñoso, como mi amigo. Y como es tan cortico y tiene que ver con el negro, entonces dijimos Grupo Niche, porque creo que uno es el que le da el real valor a lo que quiere.

¿Por qué pasó de los temas sociales que le dieron tanto éxito en los 80 a la salsa romántica de los 90?

Porque es que uno también siente. El amor es algo que está ahí, que uno no lo coge porque no quiere. Y al desamor.

Y usted ha tenido bastantes rupturas...

Uyyy sí, por todo lado me han dado. Y eso de alguna manera se manifiesta.

¿Cuál ha sido su aventura?

Hum. ¿Será que se podrá contar? Tratar de seguir caminando y a veces, remar contra la corriente.

¿Quién fue ese gran amor que lo dejó Sin Sentimiento?

Tantas. Cuando uno está en esta vida de la música es muy desordenado. De pronto sí hubo una en especial, pero pasó a segundo plano y no quiero herir susceptibilidades ahora.

 

¿Quién fue Anamilé?

Es como un ejemplo. Mucha gente se preguntaba, ¿será la hija de él? Pero hice ese tema para que la hija mía no anduviera por ese camino, y sin embargo lo hizo.

¿Qué es lo que busca por dentro?

Lo que no me dan por fuera.

¿Cali sigue teniendo ají?

Siempre. Desafortunadamente sí.

¿Sigue siendo Pachanguero?

Eternamente, a Dios gracias.